• Postres
  • Rosquillas de anís caseras, fritas o al horno

Rosquillas de anís caseras, fritas o al horno

Lucía Ríos • 7 de noviembre de 2026
Montón de rosquillas de anís espolvoreadas con azúcar glas sobre un plato naranja.

Índice

Cuando una rosquilla casera queda dorada por fuera, tierna por dentro y con ese aroma cálido de anís, la merienda cambia por completo. Aquí comparto una fórmula práctica para preparar rosquillas de anís, con cantidades claras, diferencias entre freírlas u hornearlas, trucos para trabajar la masa y soluciones para los errores más habituales.

La clave está en una masa aromática y una cocción suave

  • Rendimiento: entre 18 y 22 unidades medianas.
  • Reposo: deja la masa tranquila durante 20 minutos antes de formar las piezas.
  • Fritura: cocina a unos 165-175 °C para que se hagan por dentro sin quemarse.
  • Horno: utiliza 180 °C durante 15-18 minutos para obtener un resultado más ligero.
  • Aroma: combina anís dulce con ralladura fina de limón, sin cubrir el sabor principal.

Rosquillas de anís esponjosas y doradas, con miga aireada y un toque dulce. Perfectas para disfrutar en cualquier momento.

Qué hace especiales a estas rosquillas tradicionales

Las rosquillas de anís son piezas de masa dulce con forma de aro, habituales en distintas zonas de España y asociadas a meriendas, fiestas populares y reuniones familiares. Su encanto está en el equilibrio entre una superficie ligeramente crujiente, un interior tierno y un aroma reconocible que procede del anís dulce, el licor o las semillas.

No existe una única receta válida. En algunas casas se fríen en aceite, mientras que en otras se hornean; unas llevan leche y otras prescinden de ella. También cambian las proporciones de harina, azúcar y grasa, y eso modifica el resultado final. Para mí, la mejor versión doméstica es la que queda tierna sin resultar aceitosa y conserva un perfume de anís claro, pero no agresivo.

Conviene distinguirlas de las rosquillas madrileñas de San Isidro, que tienen sus propias variedades y acabados. La masa puede compartir ingredientes básicos, pero el glaseado, la forma de cocción y la tradición local determinan un dulce diferente.

Ingredientes y cantidades para una tanda equilibrada

Con las cantidades siguientes se obtienen aproximadamente 18-22 rosquillas medianas. La harina se incorpora poco a poco porque su absorción depende del tamaño de los huevos, del tipo de aceite y de la humedad ambiental.

  • 2 huevos medianos.
  • 100 g de azúcar.
  • 80 ml de aceite de oliva suave o aceite de girasol.
  • 30 ml de anís dulce.
  • Ralladura fina de 1 limón.
  • 10 g de levadura química.
  • 400-450 g de harina de trigo.
  • 1 pizca de sal.
  • Aceite abundante para freír, si eliges la versión tradicional.
  • Azúcar adicional para rebozar al final.

El aceite de oliva aporta más personalidad, mientras que el de girasol deja un sabor más neutro. Yo suelo escoger aceite de oliva suave, porque mantiene el carácter español del dulce sin dominar al anís.

Qué tipo de anís conviene usar

El anís dulce es la opción más sencilla y aporta aroma junto con un toque azucarado. Si prefieres un sabor más delicado, reduce la cantidad a 20 ml y añade una cucharadita de semillas de anís previamente machacadas. El anís seco puede intensificar mucho el resultado, así que es mejor empezar con poca cantidad.

La ralladura de limón no pretende convertir la receta en una rosquilla de cítricos. Su función es dar frescura y redondear el aroma. Ralla únicamente la parte amarilla de la piel, porque la zona blanca puede aportar amargor.

Cómo preparar la masa y darles forma

Mezcla sin endurecer

  1. Bate los huevos con el azúcar durante 1-2 minutos, hasta que la mezcla se vea homogénea.
  2. Añade el aceite, el anís y la ralladura de limón. Remueve hasta integrar.
  3. Incorpora la sal, la levadura y unos 350 g de harina tamizada.
  4. Agrega el resto de la harina poco a poco hasta conseguir una masa blanda que se despegue de las manos con ayuda de una ligera capa de aceite.
  5. Cubre la masa y déjala reposar 20 minutos a temperatura ambiente.

El error que más se repite es añadir harina hasta que la masa quede completamente seca. Eso facilita el formado, pero suele producir rosquillas duras. Es preferible trabajar con una masa algo blanda y aceitarse las manos antes que corregir en exceso con harina.

Forma los aros sin cerrarlos demasiado

Divide la masa en porciones de unos 25-30 g. Forma cada una como un cordón de aproximadamente 12 cm, une los extremos y presiona la unión con cuidado. El agujero central debe ser generoso, porque la masa aumenta de volumen durante la cocción.

Si el aro queda muy pequeño, el exterior puede dorarse antes de que el centro esté hecho. Este detalle parece menor, pero es una de las diferencias entre una rosquilla ligera y otra compacta.

Fritas u horneadas según el resultado que busques

La fritura ofrece la textura más tradicional: exterior dorado, bordes ligeramente crujientes y una miga tierna. El horno resulta más limpio y ligero, aunque la superficie recuerda más a una galleta blanda. Ninguna opción es automáticamente mejor; depende de si priorizas jugosidad y sabor o una preparación sencilla con menos grasa.

Método Temperatura y tiempo Resultado Punto de atención
Fritura 165-175 °C, 2-3 minutos por lado Dorada, tierna y aromática No llenar demasiado la sartén
Horno 180 °C, 15-18 minutos Más ligera y algo más seca Vigilar el color desde el minuto 13

Cómo freírlas correctamente

Calienta el aceite a fuego medio. Si está demasiado frío, las piezas absorberán grasa; si supera aproximadamente los 180 °C, se oscurecerán rápidamente por fuera y quedarán crudas en el centro.

Fríe pocas unidades cada vez y dales la vuelta cuando estén doradas en la base. Al sacarlas, déjalas sobre papel absorbente durante un minuto y pásalas todavía calientes por azúcar. Para mí, este acabado sencillo funciona mejor que un glaseado pesado, porque deja protagonista al aroma del anís.

Lee también: Bizcocho de Almendras Perfecto - Receta, Trucos y Errores

Cómo hacerlas al horno

Coloca los aros sobre una bandeja con papel vegetal y deja espacio entre ellos. Puedes pincelarlos con unas gotas de aceite o con huevo batido, aunque no es imprescindible. Hornéalos a 180 °C con calor arriba y abajo hasta que los bordes tomen un tono dorado claro.

Las rosquillas horneadas no deben salir completamente oscuras. Se endurecen al enfriarse, por lo que conviene retirarlas cuando aún parezcan ligeramente tiernas en el centro. Después, espera 10 minutos antes de moverlas a una rejilla.

Los fallos que cambian la textura

Una buena receta puede fallar por pequeños detalles de manipulación. Estos son los problemas que más encuentro cuando preparo este tipo de dulce en casa.

  • Masa demasiado dura: suele deberse a un exceso de harina o a un amasado prolongado. Añade la harina gradualmente y trabaja solo hasta integrar.
  • Rosquillas aceitosas: el aceite estaba frío o se introdujeron demasiadas piezas a la vez. La temperatura debe recuperarse entre tandas.
  • Exterior quemado y centro crudo: el fuego es demasiado alto o el agujero central es pequeño. Reduce la temperatura y forma aros más abiertos.
  • Poco aroma: puede faltar anís o estar acompañado por demasiada ralladura, canela u otros sabores. Empieza con una receta sencilla.
  • Rosquillas secas al día siguiente: probablemente se hornearon demasiado o se añadió harina de más. Guárdalas cuando estén completamente frías.

No recomiendo amasar durante varios minutos como si se tratara de pan. En esta preparación buscamos una masa manejable, no desarrollar una red de gluten resistente. Menos trabajo suele dar una miga más agradable.

Cómo conservarlas y cuándo están en su mejor momento

Una vez frías, guarda las piezas en una lata o recipiente hermético, lejos de la humedad. Se mantienen agradables durante 3-4 días, aunque las fritas suelen estar más tiernas durante las primeras 24 horas.

Si quieres adelantar trabajo, puedes formar los aros y conservarlos unas horas en el frigorífico, bien cubiertos. Antes de cocinarlos, déjalos 10-15 minutos a temperatura ambiente. También es posible congelar las rosquillas ya cocinadas, aunque el resultado será mejor si las calientas unos minutos en el horno a baja temperatura.

Para acompañarlas, el café con leche y el chocolate caliente son apuestas seguras. En días calurosos, prefiero servirlas con una infusión de canela o un café solo, porque una bebida menos dulce permite apreciar mejor el perfume anisado.

El pequeño ajuste que más mejora la receta

Si es la primera vez que las preparas, haz una prueba con una sola rosquilla antes de cocinar toda la tanda. Así podrás comprobar si la masa necesita un poco más de harina, si el aceite está demasiado caliente o si el sabor de anís necesita corrección.

Mi recomendación final es mantener la fórmula sencilla y cuidar tres puntos: masa blanda, agujero amplio y temperatura moderada. Con eso se consigue un dulce casero equilibrado, fácil de repetir y suficientemente versátil para prepararlo frito o al horno según la ocasión.

Preguntas frecuentes

Para obtener entre 18 y 22 unidades medianas necesitas 2 huevos, 100 g de azúcar, 80 ml de aceite, 30 ml de anís dulce, la ralladura de 1 limón, 10 g de levadura química, entre 400 y 450 g de harina y una pizca de sal.

La masa debe reposar 20 minutos a temperatura ambiente, cubierta. Este reposo facilita el formado, pero conviene mantenerla blanda y añadir la harina poco a poco para evitar que las rosquillas queden duras.

Fríelas a unos 165-175 °C durante 2-3 minutos por lado. Si el aceite está frío absorberán demasiada grasa, y si supera aproximadamente los 180 °C se dorarán por fuera antes de hacerse por dentro. También ayuda formar aros con un agujero amplio.

La fritura produce una superficie dorada, bordes ligeramente crujientes y una miga más tierna. Para una versión más ligera, hornéalas a 180 °C durante 15-18 minutos y retíralas cuando aún estén algo tiernas en el centro, porque se endurecen al enfriarse.

Calificar artículo

Calificación: 0.00 Número de votos: 0

Etiquetas

rosquillas
anís
fritura
horneado
masa
Autor Lucía Ríos
Lucía Ríos
Soy Lucía Ríos y tengo 7 años de experiencia en el mundo de la cocina práctica, donde he encontrado mi verdadera vocación. Desde pequeña, siempre me ha fascinado el arte de cocinar y la manera en que una buena receta puede transformar un día ordinario en una experiencia memorable. Me encanta compartir mis conocimientos sobre organización en la cocina y ofrecer recetas que sean accesibles para todos, sin importar el nivel de habilidad. A lo largo de estos años, he aprendido a simplificar temas complejos y a presentar información de manera clara y útil. Me esfuerzo por mantenerme al tanto de las tendencias culinarias y por ofrecer contenido que sea no solo interesante, sino también práctico y aplicable en la vida diaria. Mi compromiso es brindar a los lectores recetas y consejos que les ayuden a disfrutar de la cocina sin complicaciones, haciendo de cada comida un momento especial.

Compartir artículo

Escribe un comentario